El delincuente que era buen vecino, jugador de tenis y hasta tenía un almacén de ramos generales

Jugaba al tenis y era un buen vecino. También era hábil para el ping pong y el fútbol. En el tenis ganaba todos los torneos que disputada en el pueblito chileno Sol de Oriente, cercano a Puerto Montt donde además tenía un almacén de ramos generales. Todos lo querían porque supo guardar muy bien su secreto: era un asaltante buscado por la policía Argentina por haber cometido decenas de asaltos entre ellos, el del Banco Chubut de El Maitén en mayo de 2005.

Esta es sólo una parte de la historia de César Ampuero, el jefe de esa banda que mantuvo cautivos al gerente y al tesorero de la entidad durante toda una noche y que después logró fugar rumbo a Chile donde recién lo encontraron dos años después. Pero hay más de esta historia casi cinematográfica: a Ampuero debieron detenerlo dos veces porque la primera (cuando lo encontraron en Sol de Oriente) sólo estuvo unas horas preso. Logró escapar en lo que pareció sólo un trámite. Cuando lo llevaban a declarar alguien olvidó colocarle las esposas, saltó por una ventana y después desapareció sin dejar rastros.

Su corta estancia tras las rejas, dejó algunas anécdotas: varios políticos chilenos preguntaron por él y sus vecinos le dijeron a la policía “que no podía ser, que no era un delincuente, que se habían equivocado”. Por eso recibió una gran cantidad de comida y de frazadas.

Se hacía llamar Gustavo Sales. Cuando estuvo en Chile se lo veía siempre bien acompañado por una mujer más joven que él. Después recaló en Ciudad del Este donde se dedicó a la compra y venta de electrodomésticos y equipos de computación. Cambiaba permanentemente de fisonomía y también de nombres. Pero igual lo encontraron y fue llevado a Esquel para ser juzgado como el resto de su banda. Le dieron 14 años, pero apeló y salió y ahora, por una resolución del Superior Tribunal podría volver a prisión tal como informó Jornada en su edición del miércoles.

Ampuero es un hombre de 33 años. Mide un metro ochenta y cinco y lució siempre un cuerpo atlético. Tiene una larga carrera delictiva porque se lo acusaba de participar de al menos, cinco asaltos en Bariloche. En algunos de ellos, también con toma de rehenes lo que parecía ser su especialidad.

En Bariloche tenía una gomería y en poco tiempo había comprado legalmente varios automóviles. Incluso le había regalado uno a su madre para que lo hiciera trabajar de remís. No disimulaba ser un hombre de buena posición económica ya que vestía muy bien y solía usar costosos relojes, al parecer su pasión. Había estudiado abogacía durante unos pocos años. Y también computación.

Siempre fue líder en las bandas que integró. Y todo indicaba que el golpe al banco de El Maitén había marcado su retiro de la delincuencia. Se enamoró de una mujer más joven y logró pasar a Chile con identidad falsa y eligió un pueblito cercano al mar para iniciar una nueva vida. Todavía no se sabe como los carabineros chilenos lograron llegar a Sol de Oriente donde lo identificaron y apresaron. A esa altura no sólo era buscado por la policía de Chubut: también por Interpol. Dicen que un “arrepentido” de su banda lo delató pero ese dato nunca fue confirmado por las autoridades.

La fuga tras la primera vez que lo atraparon mereció una investigación interna ordenada por la cúpula de los carabineros chilenos pero nunca se supo su resultado. Ampuero se fue y pareció que se lo había tragado la tierra. Nadie nunca supo quien lo ayudó para salir de Chile, ir a Bolivia y de allí a Ciudad del Este en Paraguay, un lugar donde muchos marginales buscan refugio.

Estuvo libre cuanto tiempo pudo. Disfrutó de esa vida en los lugares más ocultos. Fue siempre hábil para ganarse la confianza de la gente a tal punto que en Chile no sólo era un buen atleta y gran jugador. También se había convertido en periodista: era el encargado de prensa de los torneos de los cuales solía informar cada semana en una FM llamada “Digital”. Tenía buena audiencia. Y muchos seguidores.

El asalto y la condena

La noche del 22 de mayo de 2005, Ampuero y sus cómplices mantuvieron como rehenes al gerente del Banco del Chubut de El Maitén y a su familia. A primera hora del 23, obligaron al hombre a ir al banco y entregarles el dinero del tesoro, en total, 330.000 pesos. Sus cómplices recibieron duras condenas tras un juicio realizado en Esquel.

Juan Boneffoi fue condenado a 16 años de cárcel; Roberto Soto a 12 y Jorge Campos a 9. Otros dos hombres llevados a juicio fueron absueltos: Rubén Cámara y Claudio Thieck. Los fiscales habían pedido penas más duras, de entre 16 y 27 años.

Todos los asaltos en los que participó Ampuero tuvieron características parecidas: los ladrones actuaban enmascarados, se metían en casas lujosas y ataban a sus víctimas con cintas adhesivas. Después huían en los autos de sus víctimas. De esta manera también actuaron en El Maitén.

Según los investigadores, a cuatro días de ese asalto Ampuero huyó a Chile por un paso ilegal de Villa La Angostura. Se radicó en el pueblito llamado Sol de Oriente, cercano a Puerto Montt. Compró un almacén (“Volcán Copahue”) y enseguida se ganó el respeto y la simpatía de sus vecinos.

Fue capturado por primera vez en 2007 (cuando fugó) y después en 2009. Fue llevado a juicio y condenado a 14 años. Pero sus abogados apelaron la sentencia y recuperó la libertad. Hasta que el fiscal Fernando Rivarola presentó un recurso extraordinario ante el Superior Tribunal de Justicia. Y este aceptó la revocatoria de la sentencia por lo cual Ampuero podría volver a prisión. 

 

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