Detenciones arbitrarias, tortura en las comisarías, desapariciones en democracia, reclutamiento de jóvenes como mano de obra para el narcotráfico son las denuncias que deja la Séptima Marcha de la Gorra. Las calles de la ciudad de Córdoba se cargaron de un grito colectivo que pide sepultar el Código de Faltas, que contempla la ambigua figura del merodeo (artículo 98). Es la “herramienta legal que da lugar al abuso policial”, planteó Julieta Castro, de Jóvenes por Nuestros Derechos, organizadores de la movilización.

“Tu seguridad nos limita. Nuestra resistencia es infinita” fue el lema que este año convocó a unas 10 mil personas, según la organización. A las 18 en punto se cortó el tránsito en Colón y La Cañada. Las banderas, carteles, remeras de los partidos, organizaciones sociales y estudiantiles se entremezclaban como no ocurre en otras jornadas: Unidos y Organizados, Abuelas de Plaza de Mayo, HIJOS, Frente de Izquierda, Movimiento Campesino de Córdoba, Encuentro de Organizaciones, Sudestada, La Bisagra, La Luciérnaga, La Poderosa, entre otros, pusieron el cuerpo, su voz y mucho color.

Al frente de la columna caminaban Olga Tallapietra y Jorge Reyna, madre y padre de Jorge Reyna (17), quien apareció muerto en una comisaría de Capilla del Monte el pasado 26 de octubre. Al lado, Viviana Alegre, madre de Facundo Rivera Alegre (19), desaparecido desde la madrugada del 19 de febrero del año pasado. Cruzaba las filas también Cristina Espinosa. Su hijo Juan Molinari (22) apareció ahorcado en 2009 en una comisaría de Alta Gracia.

Olga Tallapietra dijo que “jamás había participado” en este tipo de marchas. Con el rostro endurecido, abrazada a su marido, dijo que no sólo quiere justicia por su hijo, sino que “hay que terminar con el Código de Faltas y con el sistema policial”.

“Estamos en un esquema de mediados del siglo XIX”, planteó Lucas Crisafulli, abogado y miembro del Observatorio de Prácticas en Derechos Humanos (Universidad Nacional de Córdoba). En la provincia, “72 mil personas por año son detenidas” bajo este marco legal, agregó. Este Código “permite que el comisario juzgue, no se garantiza la defensa, que es un derecho básico, y utiliza figuras ambiguas como el merodeo”.

El Código de Faltas, vigente desde 1994, ganó protagonismo en la última década. Crisafulli señaló que mientras en 2004 las detenciones no alcanzaban a 10 mil por año, en 2009 ya pasaban las 50 mil, para llegar a las cifras actuales. “Mientras las detenciones arbitrarias aumentan, los delitos no disminuyen”, apuntó el abogado contra quienes amparan este marco bajo el discurso de la seguridad.

Un trabajo de la UNC junto con la Universidad de Rioja (España) agrega certezas sobre un saber popular: los detenidos son jóvenes y pobres. Realizada entre 2011 y 2012, con 600 jóvenes (18 a 25 años) de la ciudad capital, la investigación “Promoción de derechos humanos en materia de código” concluyó que el 38,9 por ciento de los encuestados había sido detenido por el Código de Faltas alguna vez. De ese total, el 54,6 por ciento pertenecía a barrios con bajo nivel de ingreso.

La marcha continuó por Colón. A las 19.42, con el sol bastante cansino, la cadena humana cruzaba Tucumán. Las batucadas cedieron el volumen al altoparlante: “Gobernador (José Manuel de la Sota), no nos dejan salir en nuestros barrios y usted es el culpable. Mire lo peligrosos que somos. Observe y aprenda lo que hace la construcción colectiva”. Aplausos y una vez más el canto: “¡El que no salta en un botón!”. Un policía contra una pared, estático, miraba de reojo, oía sin escuchar.

Las murgas picaron en punta y se esparcieron por el cruce de Colón y General Paz. Faltaban tres minutos para las 20, y sobre el frente de un local de comidas, en una de las esquinas más transitadas de la ciudad, comenzaban a estampar afiches con la cara de Jorge Reyna y Facundo Rivera Alegre. Otra vez, la música y el canto dejaban lugar al silencio y la reflexión, a las miradas idas y los suspiros.

“Todo lo que denunciamos desde hace años en los barrios empezó a salir a la luz”, celebró Sergio Job, abogado y referente del Encuentro de Organizaciones. Quienes asisten a cada Marcha de la Gorra destacaban el aumento de la convocatoria y apuntaban la importancia de las denuncias periodísticas que este año aportaron pruebas del vínculo entre funcionarios provinciales, policías y sectores narcos. Este clima, destacó Job, “hizo crecer la solidaridad entre las organizaciones para terminar con este gobierno policial”.

Pasadas las 21.30, todavía no terminaban de acomodarse cada una de las pancartas en la plaza San Martín. “Ni un pibe menos ni una bala más”; “no es merodeo es paseo”. La marcha hacía su última parada. Ahí, en pleno centro histórico. Una bandera, un mensaje, síntesis del hastío juvenil: “A vos los códigos te faltan, a nosotros nos sobran”.

 

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