La muerte del juez Enrique Petracchi y la cercana renuncia de Raúl Zaffaroni, cuando en enero alcance la edad para jubilarse, llevan a un cambio de escenario inevitable dentro de la Corte Suprema. Ahora el Alto Tribunal queda con cinco jueces, que es el número de integrantes que establece la ley vigente. El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, dijo que cuando Zaffaroni se vaya, habrá que aplicar esa norma y designar a su reemplazante. El secretario de Justicia, Julián Alvarez, deslizó una idea extra: volver a ampliar con una reforma legislativa el número de miembros a siete, una composición que, a su entender, “funcionó bien”. La propuesta tiene lógica, si se tiene en cuenta que el kirchnerismo no cuenta con una mayoría propia en el Senado para designar jueces supremos. Desde adentro de la Corte, que ayer se reunió en pleno, ventilaron el criterio opuesto: que siendo cinco van muy bien, ya que para firmar un fallo requieren sólo tres votos, lo que les va a dar “agilidad”.

El de Petracchi es el segundo fallecimiento que afecta este año a la Corte, tras la pérdida de Carmen Argibay en mayo. Zaffaroni ya anunció en reiteradas ocasiones que acatará la disposición constitucional que fija la edad de jubilación para los supremos a los 75 años (que cumple el 7 de enero) a menos que reciban un nuevo acuerdo del Senado. Ayer lo hizo oficialmente en la reunión plenaria con sus colegas, donde hablaron precisamente de cómo seguirán de ahora en más. Estuvieron todos, incluso Carlos Fayt, que va poco y nada al tribunal, y se mostró en la postura exactamente contraria, a sus 96 años, sin intenciones de dejar el cargo. Al promediar el encuentro, desde la presidencia mandaron este mensaje a los medios: “La Corte cumplirá con su responsabilidad de funcionar” y “no va a cambiar la línea de principios” que asentó en la última década.

En rigor, no hay grandes razones para suponer que la Corte no va a funcionar. Al contrario, hay motivos para pensar que el presidente del tribunal quiere conservar ese número, ya que es frecuente que arme alianzas con la mayoría de los jueces que quedan: Juan Carlos Maqueda, Elena Highton de Nolasco e incluso con Zaffaroni, con quien tiene el mayor índice de coincidencias en los votos, como mostró un análisis del constitucionalista Gustavo Arballo. Una Corte con más jueces ofrece una multiplicidad de enfoques y discusiones y, a la vez, es más difícil de cohesionar o dominar. Lo que ayer en el tribunal mostraban como un posible rasgo positivo es la “agilidad” para resolver expedientes. En el fondo, también reina el enigma sobre si acaso el propio Lorenzetti no se irá rumbo a la política (algo que desmiente, mientras lima su imagen hablando de inseguridad y narcotráfico).

“La ley establece que la Corte debe funcionar con cinco jueces, como está actualmente. Ante vacantes o renuncias por edad, como hizo público Zaffaroni, deberá procederse con la metodología que establecen la ley y el decreto 222 del 2003 que impulsó Néstor Kirchner”, dijo Capitanich en su rueda de prensa, y recordó la existencia de un mecanismo de audiencias públicas para los candidatos a la toga. Zaffaroni, por su lado, señaló que “la tarea de designar y proponer un nuevo integrante del máximo tribunal es una responsabilidad que deben asumir los poderes Ejecutivo y Legislativo”. También aclaró que mientras transcurre el proceso de designación, “la Corte puede funcionar con cuatro integrantes” y “en caso de ser necesario un desempate sobre algún fallo, bien se puede pedir la intervención de un presidente de sala” (de Cámara). Aunque sostuvo que “no existe ninguna excusa para demorar la selección o propuestas”, es algo que “puede decidirse en este gobierno o el próximo”.

Quien sembró un debate en puerta sobre la composición cortesana fue Alvarez. Una vez que renuncie Zaffaroni, señaló, habrá que evaluar “si se completa la vacante o revisar cuál es el número que conforma toda la Corte”. “Después de diez años se abre la posibilidad de generar una nueva conformación”, dijo y proyectó el tema como un “debate para el año que viene”. “Hay que estudiarlo. La mayoría de las cortes del mundo tienen muchos miembros, a diferencia de la Argentina”, planteó. Agregó que mientras tuvo siete jueces la Corte local “funcionó muy bien”.

Para designar un juez de la Corte se necesitan dos tercios de los votos en el Senado. El oficialismo tiene hoy 39 votos entre propios y aliados, pero necesitaría 48. Es decir, tendrá que negociar con la oposición (que ya le advierte que no aceptará sus candidatos) indefectiblemente.

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