Sus manos están llenas de tierra. Esas manos arroparon a una bebé que murió de un infarto, criaron a cuatro niños y fueron condenas a cinco años de prisión por el delito de extorsión. Las manos están llenas de tierra; sí, pero ahora trabajan para tener derecho a reinsertarse en la sociedad que dañó.

«Cecy» es una muchacha delgada que ahora se sacude el polvo de las manos, sonríe con sus dientes estropeados y su cabellera negra que le cae en los hombros. Confiesa su delito con la mirada en el suelo y una mueca de vergüenza.
Pero ahora que el huracán de las circunstancias pasó, «Cecy» quiere terminar de purgar su condena y regresar al lado de los suyos, no sin antes cambiar su chip de maneras y códigos de conductas por otro que le permita reencontrarse con las personas a las que un día robó.
Para llegar a la tierra que «Cecy» labra todos los días hay que viajar desde San Salvador hasta la Granja Penitenciaria en Izalco, sitio habilitado por la Dirección General de Centros Penales (DGCP) para cien reclusas en fase de semi libertad, que fue inaugurado este día por las autoridades de Justicia y Seguridad.
La Granja es antecedida por un camino de tierra, piedras y estelas de polvo que se levantan como un tropel de niños en el parque. Al llegar al lugar un portón de maya ciclón amarillo y dos agentespenitenciarios –escopeta en mano y con rostros tapados- reciben a los visitantes, al fondo el Volcán de Izalco fotografiado en todo su esplendor.Las privadas de libertad tienen 40 manzanas de terreno, tres cuartos equipados con camas y demás enseres para que su adaptación a la sociedad no sea brusca, en comparación con las condiciones que teníanen el Centro Penitenciario de Mujeres, en Ilopango.
El local de readaptación propone ser un espacio para la rehabilitación; no existen muros, rejas, alambres y andan libremente. Solo tienen tareas que cumplir y permisos los fines de semana para ir a sus casas.
La Granja Penitenciaria funciona a un costo primario de 200 mil dólares, y conforme avance el proyecto, promete aumentar su número de internas de 100 a un mil, para descongestionar el tan subrayado hacinamiento del 300% que agobia las cárceles de El Salvador.
Las actividades no permiten el ocio para las reclusas: se levantan antes de la cinco de la mañana a ejercitarse, tres horas después trabajan en la tierra hasta las cuatro de la tarde, después pasan a su hora de estudio y luego a dormir. Pero, no olvidan el esparcimiento entre horas.
El programa de las Granjas Penitenciarias es una de los proyectos que anunció el Director de la DGCP, Douglas Moreno desde hace varios meses. Con este pretende darle vida al artículo 27 de la Constitución de la República de El Salvador.A 28 años de vigencia de la Carta Magna, Moreno cree que por fin se está organizando el sistema penitenciario con el objeto de «corregir a los delincuentes, educarlos y formales hábitos de trabajo».Este es el primer proyecto de este tipo que despega, pero hay dos más a punto de dar sus primeros pasos, el primero es la Granja de Santa Ana y la de Zacatecoluca.
En total, la mayor ambición de las autoridades carcelarias es que estos sitios alberguen a más de ocho mil privados de libertad en fases de confianza, reduciendo el hacinamiento y otorgándole el derecho a ser productivos para el mismo sistema.Lo anterior no surge espontáneamente. Moreno dijo que otra de las ambiciones es que, en un primer momento las reos produzcan para que los cultivos sean consumidos en las cárceles, posteriormente pueden acompañar a la empresa que vende alimentos a la DGCP y a otrosmercados.
Pero, claro, esa posibilidad aún está en el horizonte de lo ideal.
Un grupo de mujeres con camisas amarillas que dicen «Yo Cambio» mueven la tierra con un rastrillo y sudan al son del sol de la media mañana. Las gotas de sudor caen al suelo, algunas miran con cautela a los visitantes, se quitan la gorra y sonríen.De este grupo «Lisette» no teme ser entrevistada y contar su historia. Tiene 24 años, una hija de nueve años y fue enviada a la cárcel por robo. Otra vez baja cabeza y se sonríe con vergüenza. Parece que el mundo se le acaba cuando menciona su delito.
La diferencia entre el Centro Penitenciario de Mujeres y la Granja es de o a 1. En el primero no trabajaba, se la pasaba sentada haciendo «nada» y no habían oportunidades.Por lo menos en la Granja tiene cama propia delimitada por un espacio de un metro y medio, sábanas y la alegría de sentir que está cambiando su actitud ante la vida.
El propósito del proyecto para Doris Rodríguez, una de las encargadas del proyecto, es enseñarles a las internas «las reglas del juego», con disciplina y productividad basada en el respeto a los demás.La Granja funciona con un equipo multidisciplinario integrado por la asesora jurídica, psicóloga, trabajadora social y 16 tutoras que supervisan las labores, están en el día a día con las internas.

El Centro Penal de Izalco está a 500 metros de la Granja Penitenciaria. Una pluma y soldados encapuchados los separan.El centro de rehabilitación está divido en dos zonas: la que pertenece al Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria (CENTA) y en la que conviven las internas. Sin embargo, el trabajo de las internasno reconoce territorio.

Fuente: http://www.argenpress.info/2012/02/el-salvador-las-prisioneras-que.html