as tragedias se toman a veces su tiempo para ser contadas. Y casi siempre se cuentan desde el punto de vista de los malos. En el caso de Pablo Escobar, que sometió al país a un régimen de terror durante casi 20 años, la mayoría de los relatos han tenido como eje al capo. Desde Killing Pablo, el libro escrito hace una década por un estadounidense sobre la cacería de Escobar, hasta Los pecados de mi padre, el documental más reciente dirigido por un argentino y en el que el hijo del narcotraficante jugó un papel central. Precisamente, otro elemento común es que muchos de los relatos han venido de extranjeros.

Por eso ahora, cuando se van a cumplir 20 años de la muerte de ese genio del mal, cobra un interés especial que Juana Uribe, reconocida libretista y hoy vicepresidenta de Programación del Canal Caracol, y Camilo Cano, que se dedica a proyectos de comunicación, hayan decidido contar esa historia desde otro punto de vista: el de las víctimas. Y tal vez nadie como ellos dos es tan indicado para hacerlo. Juana Uribe es hija de Maruja Pachón, que estuvo secuestrada por Pablo Escobar, y sobrina de Gloria Pachón, la esposa del inmolado Luis Carlos Galán. Camilo Cano, por su parte, es hijo de Guillermo Cano, el director de El Espectador, que fue asesinado por sicarios enviados por Escobar el 17 de diciembre de 1986.

La serie se llama Escobar: el patrón del mal, se debe estrenar a finales de este mes y es la más grande producción que ha hecho en su historia el Canal Caracol. Cada día de rodaje tiene un costo de cerca de 300 millones de pesos. Fue grabada en exteriores -en más de 450 locaciones en Bogotá, los Llanos Orientales, Medellín, la costa Atlántica y Miami-, con óptica de cine y con la participación de 1.300 actores. Juana Uribe, productora de la serie, y Camilo Cano hablaron con SEMANA.

SEMANA: ¿Cómo nació esta idea?

JUANA URIBE: Un día me llamó Camilo y me propuso que hiciéramos un proyecto con la historia de Pablo Escobar. Yo ya llevaba un tiempo pensando en eso porque había leído el libro de Alonso Salazar, La parábola de Pablo, y me gustaba mucho: me parecía una investigación juiciosa que no había sido cuestionada. Le propuse, entonces, que compráramos los derechos del libro. Además, él es hijo de Guillermo Cano y yo soy hija de Maruja Pachón y sobrina de Luis Carlos Galán: eso nos daba un aval para contar las cosas de una manera distinta.

CAMILO CANO: Ya había muchas series de televisión sobre el narcotráfico, pero ninguna representaba la versión de las víctimas. Decidimos contar, a través de la vida de Escobar, la historia de ciertos personajes -como Galán o como Cano- que tuvieron una gran importancia para el país. Las demás series han mitificado la vida de los mafiosos y no la de unos colombianos que trabajaron y dieron la vida por tener un mejor país.

SEMANA: ¿Qué diferencia hace que ustedes, que son familiares de víctimas de Pablo Escobar, cuenten lo que ocurrió?

J.U.: Cuando uno ha estado del lado de las víctimas y ve las series de televisión que se han hecho sobre los narcos en Colombia -y no es mi propósito hacer un juicio de valor-, uno ve que han mostrado la parte atractiva y, de cierta forma, han convertido a estos personajes en unos héroes. Y, al frente de ellos, sus oponentes son dibujados como «el periodista» o «el ministro», pero no con la dimensión que se merecen.

C.C.: Llevamos tres años en este proyecto y no ha sido sencillo. Para un canal no era fácil apostarle a esta idea, pero hemos tenido todo el apoyo de Caracol. Esta es una historia de ficción que se basa en la realidad que narra La parábola de Pablo y va a tocar muchas fibras. Nosotros queremos que se dé un debate sobre el pasado: no revivirlo por revivirlo. Esto hace parte de esa memoria histórica que aún no está consciente en la generación que hoy tiene 30 años. Queremos mostrar que eso se vivió y hacer un análisis de cómo fueron esos años para este país.

J.U.: Todos en este país, de manera directa o indirecta, hemos sido víctimas de un acto violento. Muchas veces se ha pasado por encima de las víctimas. Las historias se cuentan como una película de acción en la que uno ve a Terminator y él va pasando y matando gente y no nos importa a quién. Aquí quisimos que se entendiera que la muerte de un tendero, de un policía o de un director de un periódico no era una muerte más. Solamente si a esa persona uno le da una dimensión humana, es un muerto que duele, tiene trascendencia. Lo que queríamos nosotros es darle valor a esa pérdida.

C.C.: No podemos seguir haciendo series de narcos que hagan apología de ellos. Tenemos la responsabilidad de recordar que en este país hubo gente muy valiosa sacrificada durante la guerra.

SEMANA: Pero, ¿han pensado que puede ser un riesgo? Porque la percepción general es que en televisión siempre es más atractivo contar los hechos desde el punto de vista del malo…

J.U.: En este momento hay un buen clima para hacerlo porque ya se ha mostrado mucho la versión de los narcos. En ese sentido, Colombia es muy avanzado porque es capaz de contar su historia. México, por ejemplo, no lo ha empezado a hacer.

C.C.: Nosotros no buscamos manipular la historia ni los hechos. Lo que sí tratamos es de mostrar parte de lo que se vive y cómo se vivió. Y si, al final, el televidente prefiere querer más a Escobar que a Galán, pues es decisión del televidente. Nosotros no estamos haciendo esto para que quieran a las víctimas y odien al verdugo. Estamos incluyendo otros personajes que fueron reales. No queremos que la gente solo quiera a un personaje que iba en el avión de Avianca porque murió. Queremos que entienda el drama que su familia vivió.

SEMANA: ¿Qué fue lo más difícil en este proceso?

J.U.: Había un punto delicado en el que yo insistí y era que teníamos que llamar por su nombre a quienes se habían opuesto a Escobar, porque cuando ellos se opusieron no lo hicieron con un alias o como ‘el periodista’. Eran Luis Carlos Galán y Guillermo Cano y así murieron. Hicimos un trabajo con las familias y ellos aceptaron que pusiéramos los nombres.

C.C.: Para todos nosotros es muy difícil revivir esta parte de nuestra historia. Yo, por ejemplo, cuando leí el capítulo en el que asesinan a Guillermo Cano, reviví muchas cosas que tenía guardadas desde hace mucho tiempo. Ver a un personaje actuando como tu papá genera muchas situaciones encontradas.

J.U.: También hay cosas impresionantes como encontrar en el personaje de la mamá de Pablo Escobar lo que encontramos. Yo quisiera que la gente lo viera y entendiera lo que una mamá puede hacer en un hijo. No me cabe la menor duda de que hay amor, pero el amor con una equivocación infinita y profunda. Unos valores trastocados, mal interpretados y mal transmitidos.

SEMANA: Ustedes en la serie incluyen a la mamá diciéndole a Pablo Escobar: «Hijo, si va a hacer las cosas mal, hágalas bien». ¿Esa es de la vida real o de la ficción?

J.U.: Esa frase está en el libro de Alonso Salazar y, de verdad, hace parte de la manera de pensar de ella.

SEMANA: ¿No es extraño utilizar los nombres reales si se trata de una serie de ficción?

J.U.: No, porque uno necesita recursos narrativos y eso implica inventarse cosas. Yo sé que en determinada época Escobar compró la Hacienda Nápoles y hay videos que lo muestran recorriendo la región en moto. Pero sobre cómo se hizo la negociación no hay información y toca retratarlo de alguna manera.

SEMANA: ¿Qué personajes aparecen con su nombre real?

J.U.: Además de Escobar, Luis Carlos Galán, Guillermo Cano y Rodrigo Lara y sus esposas.

SEMANA: ¿Cómo fue el proceso de caracterización de cada uno de los personajes?

C.C.: Es un proceso riguroso que Juana ha seguido paso a paso. Tratamos de que cada uno de los actores se reuniera con la familia de los personajes que interpretan. El personaje de mi papá se reunió con Fernando Cano, mi hermano, y estuvieron hablando del tema. Lo que se buscaba era que él entendiera perfectamente el papel desde el personaje que iba a tener. Nicolás Montero, que interpreta a Luis Carlos Galán, vivió un poco con la familia Galán.

SEMANA: ¿Van a estar incluidos todos los episodios trágicos provocados por Escobar?

C.C.: Pues la serie narra la vida de Escobar, desde su nacimiento hasta su muerte. Alrededor de él están todos los hechos nacionales que ocurrieron: la muerte de Lara, la muerte de Cano, la muerte de Galán, de los policías, de los jueces y de los civiles. Es una serie dramática, en la que la muerte está presente todo el tiempo.

SEMANA: ¿La familia de Escobar dio permiso para que se hiciera la serie?

C.C.: No, nosotros nos basamos en La parábola de Pablo, que es una obra que no ha tenido ningún cuestionamiento. Además, es un personaje de reconocimiento nacional, que hace parte de la historia del país y no hay que pedirle permiso a nadie para retratarlo.

SEMANA: ¿Sienten odio por Pablo Escobar?

J.U.: Yo me acuerdo más de sentir una profunda desesperanza cuando el Estado no lograba hacer nada. Cuando ya lo sometieron, cuando supe que lo habían abatido, yo dije: «ok, ya». Todo ese poderío quedó en un tejado. Y pasamos la página.

C.C.: Cuando Escobar mató a mi papá yo tenía 20 años. En ese momento estábamos solos e indefensos, como la mayoría de la población colombiana. Muchas veces yo me pregunté qué haría si me encontrara a Pablo Escobar de frente y nunca encontré otra respuesta diferente que buscar que se hiciera justicia. Hoy en día no se ha hecho justicia en el proceso de Guillermo Cano. Pero esta serie no busca decantar lo que sentimos nosotros, sino generar un referente histórico para que la gente entienda lo que pasó. Recuerdo la soledad de esa época y el sentimiento de vulnerabilidad.

J.U.: Una de las cosas más impresionantes de la serie es ver esos 20 años en su conjunto. Uno dice: ¿cómo logramos sobrevivir? Porque hoy nos acordamos de cosas aisladas, pero cuando uno lo ve completo en la serie se da cuenta de que estábamos en un régimen de terror, absolutamente maniatados e impotentes. Y al mismo tiempo uno ve esos personajes que se le opusieron de una manera tan valiente que a veces uno se pregunta si tal vez desconocían la capacidad de hacer daño de ese hombre.

SEMANA: ¿Hay algo de catarsis para ustedes?

C.C.: Pues la verdad no sé si haya o no. Creo que se debe mostrar lo que pasó para nunca volver atrás. Esta época significó un cambio fundamental en la historia del país y en el modo de actuar de la sociedad colombiana. Por eso nos parecía importante mostrar este producto y, al final, ver si logramos o no entender nuestra identidad.

J.U.: Yo quiero que la gente entienda que en esa época se hizo mucho daño y que se perdió un capital humano muy importante para el país. Y si el día de mañana la familia de Escobar quiere salir y contar su propia historia, yo creo que también sería importante. Un país que ha sufrido tanta violencia tiene que narrarla una y mil veces hasta que entendamos qué fue lo que pasó.

 

Fuente: http://www.semana.com/nacion/escobar-verdugo-victimas-serie-tv/177421-3.aspx