Hugo Ezequiel Flores tiene 18 años y Eduardo «Peque» Fedele, 30. Los dos están vivos «por milagro». El viernes al mediodía fueron baleados por un grupo de policías que supuestamente los confundieron con ladrones de autos en un estacionamiento de pasaje Don Orione al 600 (ex Nelson), en el corazón del barrio Refinería y detrás del Colegio Don Bosco. Los dos muchachos estaban cambiando los neumáticos de un utilitario que pertenece a la firma en la cual trabajan y que se guarda en el garaje cuando fueron sorprendidos y atacados. En ese marco, también estuvieron a un paso de ser acusados de balear a un policía que resultó malherido en el episodio y que ayer permanecía internado (ver aparte).

La primera versión de los hechos ocurridos en el playón de estacionamiento sobre el cual hay un complejo de fútbol 5, tal cual lo publicó La Capital en su edición de ayer, dio cuenta de la llegada al lugar de dos grupos de policías. Un primer grupo de cuatro estaba vestido de civil y acudió ante una llamada al servicio 911 que dio el alerta de un posible robo en el lugar. Esa llamada, dijeron, fue hecha por el encargado del garaje que, mientras arreglaba un corte de luz que afectaba el sitio, creyó que los dos ocupantes de una Renault Express que ingresó a la playa estaban por robar los neumáticos de un Rastrojero allí estacionado. Pero tanto uno como el otro vehículo pertenecen a la empresa «Rosario Blanco Hogar», propiedad del padre de Hugo Ezequiel Flores.

Momentos después llegó otro grupo de policías uniformados. Hugo Ezequiel estaba al mando del utilitario Renault y al ver a los efectivos de civil pensó que eran ladrones. «Puse primera y arranqué», dijo el pibe ayer a la tarde. En ese instante, al ver que huía, los efectivos comenzaron a disparar sobre el vehículo y el garaje, de 16 mil metros cuadrados y totalmente oscuro, fue escenario de una tormenta de balas.

Escapando.La situación que el viernes se presentaba como confusa ayer aparecía bastante clara. Al menos así lo expresaron Hugo Flores, el padre de Hugo Ezequiel, y el abogado penalista José Luis Abichain Zuain. «A mi criterio la policía actuó exageradamente. Llegaron con una noticia figurada, no respondieron con los principios básicos de cuidado del ciudadano y estuvimos ante una situación en la cual el tantas veces cuestionado accionar policial de plantar armas para simular un enfrentamiento, estuvo por suceder. Pero se tomaron a tiempo todas las precauciones para que eso no pasara», sentenció el letrado.

Hugo Ezequiel y Eduardo cuentan así lo que sucedió: «Estábamos cambiando la rueda del Rastrojero.Yo estaba en la chata y Peque en el Rastrojero. Entonces vi por el espejito que venían cuatro personas. Uno sacó un arma, me asusté y arranqué. Todos empezaron a disparar, encaré para la puerta y vi que otro policía me tiraba. Aceleré y salí para el negocio, nadie me siguió», dijo el menor de los jóvenes.

«En ese momento yo me tiré abajo del Rastrojero y en medio de los tiros salí corriendo. Pensé que eran policías y ladrones que se tiroteaban. Corrí al primer piso (donde están las canchas de fútbol) y un minuto después, cuando me asomé, vi a un muchacho tirado y a los policías. Les grité que me ayudaran. Me apuntaron y después me esposaron, pero nunca me trataron mal ni me pegaron», sintetizó Peque.

Hugo Ezequiel Flores tiene 59 años y hace 25 que tiene el negocio Rosario Blanco Hogar, ubicado a cuatro cuadras del estacionamiento de pasaje Don Orione. Es un hombre seguro, vital. «Cuando me avisó mi hijo de lo que había pasado fui al garaje y pude ver la escena. Me presenté al inspector de zona y lo primero que me dijo era que me quedara tranquilo, que no pasaba nada. Pero a Fedele se lo llevaban esposado. El oficial me dijo que si tenía que pedir disculpas las iba a pedir, me atendieron mas o menos bien y fuimos a la seccional 8ª», recordó.

Allí, con el pasar de los minutos, la familia Flores se dio cuenta de que la situación no era tan normal como les habían dicho, que «la cosa estaba mal». Hugo padre en un momento perdió la calma. «Les dije de todo, patee puertas y hasta me agarró taquicardia», contó. Ni al hijo de Flores ni al otro muchacho los indagaron. Sólo el más joven declaró lo sucedido. A Peque le preguntaron datos filiatorios mientras el aire se hacía espeso para los dos.

Imputación. Entonces sucedió lo impensado. «En la seccional donde estaban demorados Huguito y Peque me dijeron que los iban a imputar de haber disparado contra los policías y ser cómplices de robo. Es decir, mi hijo y mi empleado robaban mi propio Rastrojero. Algo ridículo. Me comuniqué con mi abogado, ya que nuestras hijas son amigas (Abichain Zuain) y él me dijo que fuera a Asuntos Internos. Para eso ya eran como las 19. Allí admitieron que había sido un error», contó el comerciante.

Para la familia Flores el hecho es claro. «Estuve a punto de enterrar a mi hijo por una exagerada confusión. Los imputaban de todo lo que había pasado, les tiraron a matar. Yo no puedo aceptar que maten a mi hijo de casualidad. A esos policías hay que investigarlos, sacarles las armas, son unos enfermos. La intención fue asesinar a mi hijo. Siete balas contamos en la chata y en el lugar hay más de veinte. Y si realmente hubieran cumplido su objetivo yo hoy sábado, a las 11 de la mañana, habría enterrado a mi hijo de 18 años», dijo como un contra alegato de indignación, bronca, impotencia y azar.

El cabo está en estado reservado

El cabo Mario Sebastián Trachcel, de 35 años, seguía internados ayer en la sala de terapia intensiva del Hospital de Emergencias en estado reservado. Según el parte oficial, una bala calibre 11.25 le ingresó por el hemitórax derecho afectándole un pulmón, el hígado y un riñón. El uniformado presta servicios en la comisaría 8ª y fue de los primeros en llegar al lugar del hecho. La investigación que determinará quien lo baleó está en manos de sus colegas de la División Judiciales de la Unidad Regional II.

http://www.lacapital.com.ar/policiales/Estuve-a-punto-de-sepultar-a-mi-hijo-por-una-exagerada-confusion-policial-20131110-0023.html