Una detenida trans en el penal de Ezeiza denunció, mediante una carta dirigida a CFK, maltrato, agresiones sexuales, golpizas, y sostuvo que la persecución se agravó al denunciar a una jefa del pabellón de haberle arrojado un colchón encendido. La carta coincidió con una visita del equipo de la Procuvin, que recibió testimonios del maltrato físico directo o a través de estructuras deficientes y violencias generadas por los propios penitenciarios entre los detenidos. Casi como una metáfora del tratamiento a que son sometidas, las detenidas trans se encuentran alojadas en tres pabellones del Módulo VI del Complejo I de Ezeiza, junto al sector de protegidos-castigados y a los pabellones de detenidos con tratamiento psiquiátrico.

La trans denunciante, Emilce Lobos, tiene historia de denuncias y, por lo tanto, de persecuciones ya desde su paso por el Servicio Penitenciario Bonaerense. El jueves pasado, dos de sus testigos en una causa contra una jefa de turno fueron molidas a palos, una de ellas por presos durante el traslado, la otra por penitenciarios. Ambas, castigadas, no pudieron declarar. Son formas escasamente sutiles de acosar a Lobos, una denunciante sempiterna.

Para poner en situación, el Módulo VI del Complejo I era antiguamente un sector de sancionados, o sea que la estructura edilicia está dispuesta para el aislamiento. Consta de cuatro pabellones, A, B, C y D. Los tres primeros debieran corresponder al universo de personas Lgbtt. El cuarto quedó reservado a los que en el sistema se conoce como RIF (Resguardo de Integridad Física), es decir, aquellos que por orden judicial son enviados para su protección a celdas aisladas para evitar que sean atacados. El absurdo del sistema penitenciario llega a que la protección se compare metodológicamente con un castigo.

La situación mixta en el módulo (presos Lgbtt y RIF varones) genera conflictos y provocó pérdida o cierta restricción de derechos como el de estudio, trabajo o recreación. En el pabellón C se encuentra alojada Emilce Lobos. En la carta enviada a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sostiene que “gracias a Ud. pude casarme con una persona de mi mismo sexo” (hace cinco años en el mismo penal), pero agregó una descripción de los maltratos y torturas a que son sometidas.

Lobos ya había estado detenida en la U32 de Varela, del SPB, donde denunció que el jefe del penal, Eber Martín Rojas, había ofrecido no trasladarla a ella y a otras cinco trans a Sierra Chica “a cambio de tener sexo con él y con su personal”, tal como refiere la denuncia presentada por la Comisión Provincial por la Memoria. En 2009, la Procuración Penitenciaria presentó una denuncia de Lobos por torturas y golpes sufridos por uno de los “maestros” del sector de huertas adonde estaba autorizada a concurrir. En septiembre del año pasado denunció a Lorena Terraza, jefa de turno del Módulo VI, quien le arrojó un colchón encendido, según refirió en una denuncia al equipo de Area de Género y Diversidad Sexual de la Procuración Penitenciaria en septiembre del año pasado.

En julio pasado, el mismo equipo visitó el pabellón después de recibir denuncias de una golpiza en el mismo sector. Cuando concurrieron a entrevistar a las detenidas surgió el dato de que los penitenciarios entremezclaban a las alojadas de modo de generar violencia entre ellas. Una de esas situaciones derivó en junio en la intervención del cuerpo de requisa, que redujo a los bandos con el sencillo argumento del palazo para todos. “Puto de mierda, bancátela, te gusta sacar hábeas, ahora bancátela y ni se te ocurra denunciar”, declaró Lobos que le gritaban mientras le pegaban. Al menos otras cinco denunciaron lo mismo. Después, sancionaron a todo el pabellón sin elevar ningún tipo de parte y los “engomaron”. La mención de los hábeas corpus está ligada a varias presentaciones que realizó Lobos ante la Justicia.

Este mes, tras la recepción de la carta manuscrita enviada a CFK, la Procuvin visitó el Módulo VI y detectó que “no existe ninguna instrucción sobre la diversidad”, “violencia en el hostigamiento”, “tratamientos hormonales interrumpidos”, requisas violentas (“viene un médico y las hace bajar el pantalón y levantar la remera en grupo para revisar si están lesionadas”), además de las pésimas condiciones edilicias.

El jueves pasado, dos presas trans se presentaron como testigos de Lobos. Al subir al camión de traslado, a una la ubicaron en el sector de discriminados; a la otra, en contacto con el resto de los detenidos, entre los que había dos violadores. Se desató una pelea dentro del camión en la que la testigo fue muy golpeada. Como resultado, la trans fue encerrada en una celda de aislamiento. La otra testigo, ubicada en el otro sector, fue apaleada por los penitenciarios y enviada al sector de psiquiátricos. Ninguna de las dos testigos pudo declarar.

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