El papa Francisco llamó a la comunidad internacional a abolir la “pena de muerte, legal o ilegal y en todas sus formas” y a luchar para “mejorar las condiciones carcelarias en el respeto de la dignidad humana”. Lo hizo en un duro discurso ante representantes de la Asociación Internacional de Derecho Penal (AIDP) en el Vaticano, donde además criticó la trata de personas, la baja en la edad de la imputabilidad y la “presión de los medios de comunicación” sobre la Justicia. También se pronunció contra la cadena perpetua, a la que definió como “una pena de muerte escondida”.

No es la primera vez que Francisco se expresa contra la visión de la “mano dura” en materia de seguridad. En una carta enviada el 30 de mayo a la AIDP, en el contexto de la discusión por la reforma del Código Penal en la Argentina, había segurado que “la experiencia nos dice que el aumento y endurecimiento de las penas con frecuencia no resuelve los problemas sociales ni logra disminuir los índices de delincuencia”.

Esa misiva fue agradecida también por carta por el juez de la Corte Raúl Zaffaroni, que integra la AIDP y presidió la comisión de juristas redactora del anteproyecto de reforma del Código Penal. El coordinador de ese equipo, Roberto Carlés, ya se había reunido con el Papa en marzo.

Ayer, Francisco mantuvo un contacto con los juristas de la AIDP, ante quienes enfatizó que “es imposible pensar que los Estados no dispongan de otro medio que no sea la pena de muerte para defender del agresor injusto la vida de las demás personas” y condenó además las “llamadas ejecuciones extrajudiciales o extralegales”, en referencia a los homicidios deliberados cometidos por algunos Estados o sus agentes “presentados como consecuencia indeseada del uso razonable, necesario y proporcional de la fuerza”.

Según Jorge Bergoglio, “todos los cristianos y personas de buena voluntad están llamados hoy a luchar no sólo por la abolición de la pena de muerte, legal o ilegal y en todas sus formas, sino también para mejorar las condiciones carcelarias, en el respeto de la dignidad humana de las personas privadas de libertad”. El máximo representante de la Iglesia Católica alertó sobre la posibilidad de que, al aplicar la pena de muerte, “exista un error judicial” o sea utilizada por “regímenes totalitarios y dictatoriales” como “instrumento de castigo a la disidencia política o de persecución contra las minorías religiosas y culturales”.

El Papa incluyó entre las formas de tortura “la que se aplica mediante la reclusión en cárceles de máxima seguridad”, sin estímulos sensoriales ni contacto con otras personas. En ese sentido criticó que en muchas ocasiones las cárceles están en pésimas condiciones de infraestructura como resultado del “ejercicio arbitrario y despiadado del poder sobre las personas privadas de libertad”.

En sus palabras ante la delegación de la AIDP, también dijo que la prisión preventiva, “cuando en forma abusiva busca un anticipo de la pena previo a la condena, o como medida que se aplica frente a la sospecha más o menos fundada de un delito cometido, constituye otra forma contemporánea de pena ilícita y oculta, más allá de cada pátina de legalidad”.

Además, en un claro llamamiento contra la baja en la edad de imputabilidad, señaló que “los Estados deben abstenerse de castigar penalmente a los niños” ya que ellos “deben ser destinatarios de todos los privilegios que el Estado es capaz de ofrecer”. Precisamente, el domingo próximo, en Uruguay se desarrollará un plebiscito convocado junto a las elecciones presidenciales, para decidir la baja de la edad de imputabilidad, por la cual a partir de los 16 años los jóvenes podrían ser penalmente responsables como los adultos. El Papa opinó que “los Estados deben abstenerse de castigar penalmente a los niños que no han completado su madurez”.

Francisco pidió también que el cumplimiento de las penas contemple “tratamientos particulares para los ancianos, como se hace con las mujeres embarazadas, padres con hijos discapacitados y personas discapacitadas”.

Por otra parte, el Papa llamó a “perseguir con mayor severidad” las formas de corrupción que “causan graves daños sociales, ya sea en materia económica o social, como los fraudes a la administración pública o el ejercicio desleal de la administración o cualquier obstáculo a la Justicia”. “La escandalosa concentración de la riqueza global –dijo– es posible a causa de la connivencia de los responsables de la cosa pública con los poderes fuertes. La corrupción es en sí misma un proceso de muerte… y un mal más grande que el pecado. Un mal que más que perdonar hay que curar”, indicó.

También denunció la trata de personas y la esclavitud “reconocida como crimen contra la humanidad y crimen de guerra tanto por el derecho internacional como en tantas legislaciones nacionales”.

En su discurso apuntó además a la “criminalidad” por la que “mil millones de personas estén atrapadas en la pobreza absoluta”.

Finalmente, el Pontífice advirtió a los “jueces y operadores del sistema penal” a cuidarse de la “presión de los medios de comunicación masivos, de algunos políticos sin escrúpulos y de las pulsiones de venganza que serpentean en la sociedad”.

“La cautela en la aplicación de la pena –concluyó– debe ser el principio regidor de los sistemas penales… y el respeto de la dignidad humana no sólo debe actuar como límite de la arbitrariedad y los excesos de los agentes del Estado, sino como criterio de orientación para perseguir y reprimir las conductas que representan los ataques más graves a la dignidad e integridad de la persona”, concluyó el Papa.

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