Debe ser como la de cualquier ciudadano, aunque con una diferencia: el periodista debe mantener su credibilidad, que es un instrumento profesional al servicio de la sociedad.

a) Es la colaboración de cualquier ciudadano que testimonia lo que ha visto u oido ante las autoridades. Por razón de su oficio el periodista ofrece esos datos, que el ciudadano común ofrece individualmente y requerido por las autoridades, pero desde su medio de comunicación, de modo público y sin necesidad de requerimiento por parte de jueces o policías.

b) Pero la suya es una colaboración sometida a las condiciones profesionales. Una condición es que al periodista no le basta decir la verdad de los hechos. Debe decirla de modo que sea creído. A la verdad debe agregarse, pues, la credibilidad. Esa credibilidad se mengua cuando el periodista aparece ante los ojos del público como asociado o ayudante de policías o jueces y no como ciudadano.

c) El papel del periodista no se reduce a contar lo que vió. La verdad de los hechos tiene un impacto social del que el periodista es responsable. Por eso no dice la verdad solo por decir la verdad, sino con una intencionalidad de beneficio a la sociedad. De ahí que haya verdades que el periodista debe comunicar, a pesar de todo, porque según su entender la sociedad debe y necesita conocerlas: vg. La evidencia de actos de corrupción, la inminencia de un peligro para la economía, para la salud pública o para la institucionalidad.

Hay, por el contrario, verdades que no se deben decir, porque hacen daño, porque son irrelevantes y sin pertinencia.

Esta característica de la verdad del periodista –su impacto social- es la que le da al ejercicio periodístico toda su importancia social y su dignidad profesional. Limitarse a decir verdades sin que importe su peso social, es despojar a la profesión de su peso específico.

Las verdades de Taneski al revelar en tercera persona sus propios crímenes, carecen de ese peso y se convierten en trucos truculentos para acceder a la verdad de los hechos.

Documentación.

Hay un modo realista y comprometido de informar sobre violencia. Interesarse por los hechos violentos, pero también por las ideas y las alternativas en que pueda basarse la solución de los problemas sociales.

Unamuno acuñó una expresión, difícil de pronunciar con la que pretendía sustituir una noción imposible: la noción de neutralidad. Unamuno llamó alterutralidad a la actitud que permite pensar por encima de intereses, de bloques y fronteras físicas y mentales. El periodismo realista y comprometido tiene que ser también alterutral al informar sobre violencia.

Detrás de toda violencia suele haber un problema real, o al menos los flecos finales de un auténtico problema real. Por este motivo la violencia, toda violencia, se asiente en un fondo magmático, de verdades a medias, de sombras de verdades que confieren a la violencia su capacidad de propagación.

La información no puede ser indiferente ante ese fondo de verdad que subyace tal vez en toda violencia.

Cuando se conculca la justicia y se pone en peligro la paz. Cuando se desencadena la violencia física o moral, entonces es la hora de que el periodista oponga al espíritu de discordia su voluntad de concordia, ponga paz en donde no haya paz, intente vencer a la violencia con la fuerza de una información clara, justa, recta.

Fuente: http://www.fnpi.org/consultorio-etico/consultorio/?tx_wecdiscussion[single]=35117