La vida no fue muy generosa con Diego. Tras pelear por la tenencia de su hijo, se quedó sin trabajo y sin casa. Una historia de lucha y esfuerzo
Diego García Jamardo es un padre ejemplar que, a pesar de todas las adversidades y obstáculos que se interpusieron a lo largo de su vida, siempre mantuvo firme su principal objetivo: darle lo mejor a su hijo. Luego de su nacimiento, el hombre de 40 años perdió su trabajo y su casa a raíz de la separación con quien por entonces era su esposa. Pero lo que jamás resignó fue la dignidad y el sacrificio. Hoy vive con su hijo dentro de un auto. Un desvencijado Torino, tapado con cartones y lonas en la ribera de Quilmes, aunque esto no le impide enviar al pequeño a la escuela. Una historia tan increíble como conmovedora.

“Todo empieza cuando Dieguito tiene 4 días de vida y la mamá lo abandonó en el Juzgado de Menores, donde lo da en adopción. Ella se fue, nos separamos pero en lugar de dejarlo a mi cargo se lo llevó a la Justicia”, recuerda Jamardo, que todavía no puede creer las vueltas del destino que lo condujeron a esta dramática situación. “Hasta ese momento yo tenía una vida normal, era encargado de una imprenta en La Plata, vivíamos en una casa alquilada en Quilmes y después en la casa de la madre de mi ex señora, en todo momento nos habíamos mantenido unidos como una familia”. El declive comenzó con el divorcio.

El camino que emprendió Diego para recuperar a su hijo de 5 años estuvo plagado de dificultades. Más de 35 días demoró para retirarlo del juzgado y obtener la tenencia total. Pero los problemas se agravaron cuando su ex suegra los echó de su casa y él fue despedido de su empleo. “Para una persona que todos los días viste de traje y maneja 19 empleados, es un golpe muy duro encontrarse de un día para el otro en la calle mendigando”, confiesa Jamardo, quien en los primeros meses había alquilado una pieza dentro del local donde trabajaba hasta que se le acabó el dinero y quedó desocupado.

Sin que la desesperación por el cuadro de desnutrición y deshidratación que presentaba su bebé lo lleve a cometer una locura, soportó deambular 4 meses en la calle hasta que un vecino solidario se enteró de su caso y le prestó durante un tiempo una propiedad ubicada a metros del cruce de la avenida Iriarte y Perú, en inmediaciones de la costanera de Quilmes. Así fue como lo conoció toda la cuadra y otro vecino decidió cederle el terreno que actualmente ocupa, espacio que integra la ribera y que fue ganado al Río de la Plata. Allí se halla un antiguo Torino rodeado por maderas y cubierto por una larga lona que evita que los días de lluvia el agua ingrese al interior del vehículo. Claro está, Dieguito y su papá no tienen baño ni cuentan con luz, agua potable ni calefacción. “Esa es toda nuestra casa”, señala el hombre esperanzado en que la vida le deparará mejor suerte para el futuro. Es que la sonrisa de su hijo no le permite rendirse y lo lleva a continuar su lucha.

Por su manera de ser, Diego no tardó mucho en convertirse en una persona muy querida en el barrio. “A mí me criaron a la antigua, mirar a los ojos y apretar la mano es más confiable que cualquier papel firmado”, repite el hombre de 40 años que se gana la vida lavando y cuidando coches en la zona céntrica de la ciudad del sur del conurbano. Con esa plata abona el jardín de infantes de doble escolaridad al que concurre su hijo. “Siempre voy a luchar por él, para que sea una persona educada. Ahora más que nada necesito un trabajo y una casilla para poder arrancar”.

El amor es más fuerte

La historia de Diego y su hijo es impactante, pero deja en evidencia que “si se quiere, se puede”. El amor, el empeño y la solidaridad de algunos vecinos lo han llevado a lograr que su hijo crezca sano y fuerte hasta el momento. Sin embargo, necesita de la asistencia del Estado para brindarle un hogar confortable, algo que hasta ahora no pudo.

“Durante 3 meses Acción Social del municipio me ayudó con un cheque mensual de 2.900 pesos. Para que se den cuenta qué clase de persona soy, la plata que ellos me dieron la guardé. En cuanto tuve la posibilidad, cuando un vecino me cedió un espacio para instalarme, me gasté unos 15.000 pesos para rellenar el terreno que forma parte de la ribera. Hasta los ahorros que tenía invertí. Hoy me quedan en el bolsillo 220 pesos para comer, no tengo más plata pero no me rindo”.

Jamardo recuerda la primera vez que se presentó a la municipalidad de Quilmes para solicitar ayuda. “Pedí una casilla pero, por sobre todo, trabajo. Sé que trabajando yo mismo me construyo la casa. Todavía tengo 40 años y mucha fuerza para seguir adelante”. La luz de sus ojos y el único motor de su vida es Dieguito, a quien ama con todo el corazón.

Pese a la situación económica por la que atraviesa su padre, el pequeño asiste a un jardín de infantes de doble escolaridad, en el que recibe desayuno, almuerzo y merienda. Las cuotas del establecimiento son 180 pesos mensuales, las cuales Diego abona con mucho sacrificio y trabajo. En más de una oportunidad, el hombre pasó días sin comer para poder pagarlas.

El próximo 1 de diciembre el niño cumplirá 6 años y el deseo de su papá es celebrar el cumpleaños en una vivienda digna. “En el futuro me lo imagino parecido a como está hoy, siendo feliz y riéndose”.

Por Cristian Vilardo

 

fuente: http://www.diarioelatlantico.com/diario/2012/06/22/43586-vivir-en-un-torino.html