Un preso de la U46 de San Martín; otro de la U23 de Varela, y un tercero de la U9 de La Plata, fueron asesinados a facazos en lo que el SPB suele definir frente a periodistas, fiscales y jueces, bajo el irrelevante rubro de “muerte en riña”, que escamotea su responsabilidad de custodia. Las muertes ocurrieron el jueves 16, viernes 17 y sábado 18 de agosto, ocho, nueve y diez días después de que el gobernador Scioli recibiera por primera vez personalmente el Informe 2012, sobre torturas y violencia en cárceles y comisarías, de la Comisión Provincial por la Memoria, y se comprometiera a poner mano en el asunto. No está claro si es tiempo o disposición lo que falta.

El viernes 17 de agosto, el funcionario judicial de la Defensoría Oficial de San Martín, Juan Casolati, presentó un oficio al defensor general de esa jurisdicción, Andrés Harfuch, en el que describía serios problemas en la alimentación de los internos del Complejo Penitenciario de Florencio Varela. Para esos días, 400 internos de la U24 de esa localidad se encontraban en huelga de hambre por la pésima calidad de la comida. En el oficio, Casolati señala que desde el año pasado, “la mayoría de los 24 pabellones de ese establecimiento carcelario viene reclamando la entrega en tiempo y forma del almuerzo y cena, sin perjuicio de lo cual, las autoridades sólo reparten lo que se conoce como ‘rancho’ en cinco pabellones del total de la unidad, proporcionando en el resto de los pabellones alimentos crudos para que se preparen los propios internos sus menús”. Alimentos crudos que, aclara el texto, son pocos y de muy mala calidad, “y en algunos casos fueron entregados en estado de putrefacción”. En el oficio, Casolati advierte que el modo de distribución de alimentos desató peleas entre los internos y entre pabellones, e hizo extensiva la advertencia a las otras unidades del complejo. A la hora de presentación del documento, el funcionario no tenía forma de enterarse que estaba alertando por algo que ya había ocurrido: en la U23, del mismo complejo, habían asesinado el día anterior de un puntazo durante una pelea por alimentos a un preso del pabellón 3, apodado Tati, muy joven, y que debía salir en libertad al día siguiente.

Al día siguiente de la presentación, en la U9 de La Plata, otro interno, Claudio Romano Chávez, murió en una pelea con otros dos internos en el pabellón 11, herido con una faca. Los otros dos presos resultaron heridos. Como ocurre inevitablemente en las muertes en riña por falta de custodia, los guardias penitenciarios llegan segundos después de que se produce el crimen porque de otro modo no se podrían producir.

Un día antes, es decir, el viernes, mientras Daniel Scioli recibía a la familia de Luciano Arruga por primera vez desde que el adolescente desapareció a manos policiales, otro interno era asesinado a facazos en la Unidad 46 de San Martín. Alrededor de las 11 y media del viernes 17, en el pabellón 8 de la U46, fue herido de un facazo en el corazón Alexis Nicolás Ceteyche Romero, de 21 años, cuya causa dependía de un tribunal de San Martín. La noche anterior se habían producido algunos inconvenientes en el pabellón y los dirigidos por un oficial mencionado como Quiroz decidieron “engomar al pabellón”, es decir, encerrar a todos en buzones. Curiosamente fuera de sus celdas quedaron olvidados 10 internos, entre ellos Romero, que además era uno de los limpieza (encargados) del pabellón, y habían quedado abiertas casualmente las celdas 3, 5 y 6. Se produjo, según los penitenciarios, inevitablemente una pelea en la que Romero llevó la peor parte.

Según lo que trascendió de internos de la U46, Quiroz boicotea todo lo que el director de la unidad, de apellido Altamirano, realiza en beneficio de los presos. Por ejemplo, mantener el permiso para el altar de Patricio Barros Cisneros, un preso asesinado a golpes por guardias de la unidad el 28 de enero de este año. El altar no es un motivo de festejo para los guardias que hacen causa común con sus compañeros procesados por el crimen.

Si la U9 tiene su historia negra desde hace décadas, y la U46 tuvo su trascendencia por el asesinato a golpes de Barros Cisneros, la U24 también tuvo su pantallazo de fama luego de que el interno Marcelo Segovia, condenado a 29 años por el caso Martinó, se fugara vestido de mujer. El complejo penitenciario Varela no concentra sus acciones en una sola unidad. Recientemente se hizo conocido por las fotos de Maximiliano Zapata, colgado por las muñecas a más de dos metros de altura, con tal de que sus pies apenas si rozaran el piso.

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fuente http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-201939-2012-08-27.html