Una sentencia absolutoria del Tribunal Oral Nº 5 de La Matanza podría acomodarse al mensaje de la respuesta de mano dura privada a la inseguridad. Los jueces absolvieron a cuatro vecinos (emparentados los cuatro) de Isidro Casanova, que la noche del 28 de marzo de 2010 participaron en la detención del adolescente Lucas Navarro, de 15 años, quien con una pistola de plástico intentó robar el auto de uno de ellos. Claro que la detención, tomada la justicia como sinónimo de venganza por mano propia, se caracterizó por el ataque a golpes de entre 20 y 50 vecinos contra el adolescente que estaba sujetado de boca al suelo por uno de ellos (el único que recibió condena en juicio abreviado en julio pasado). El pibe, desecho a palazos y patadas, murió antes de llegar al hospital. En las películas estadounidenses del Far West y del Ku-Klux-Klan, la palabra utilizada era linchamiento. En casi todas, siempre llegaba un héroe justiciero que lograba salvar a la víctima de los exaltados manopropistas. En La Matanza, según el fallo, los vecinos no eran exaltados cuando detuvieron al pibe y no eran vecinos cuando se exaltaron hasta lincharlo. El héroe justiciero no llegó, y si hubiera llegado, el TOC Nº 5 hubiera absuelto a sus victimarios porque también lo habrían linchado. De hecho existió un amague. Con preferencias sectoriales para aplicar el abolicionismo, el mismo tribunal absolvió en el primer juicio a los once policías acusados de matar a golpes de puño y patadas a Gastón Duffau.

Alrededor de las ocho y media de la noche del 28 de marzo de 2010, Lucas Navarro, de 15 años, y dos jóvenes más intentaron robar el auto de Gastón Ronda. El dueño del auto se trenzó con uno de ellos y recibió un golpe en la cabeza que le produjo un corte, mientras gritaba pidiendo ayuda. Enseguida llegaron tres familiares: su padre, Horacio Ronda; su cuñado, Adrián González, y el padre de éste, Norberto González, quienes se dedicaron a “defenderse” sujetando a Lucas boca abajo, “hasta que llegara la policía”, según declararon ellos mismos y algunos vecinos que recordaron esa parte de la historia. Para ese momento, los dos pibes que habían llegado con Lucas habían escapado.

Según sostuvieron todos los testigos, a la defensa se acercaron entre 20 y 50 personas, aunque uno de los Bonaerenses que llegaron media hora más tarde, convocados por una llamada del 911, dijo que vio “una multitud” que podía alcanzar entre “40 y 60 personas”. A esa altura, Gastón Dillman, otro vecino y el único condenado (en julio pasado durante un juicio abreviado) dijo que salió al “escuchar alboroto” y que vio a Gastón Ronda sujetando al chico por los hombros, “al tío” de Ronda (Néstor González) por la espalda y “un primo” (Adrián González) de las piernas. Dillman aseguró que se sumó a sostenerlo de los pies y que vio al padre de Ronda (Horacio) intentando proteger al detenido de los golpes que le daban desde fuera vecinos, a los que ninguno de los acusados ni los testigos citados llegaron a reconocer. Sólo mencionaron a “un sujeto gordo” y “una mujer” que golpearon al joven mientras el gordo, según recordó Horacio, le dijo “son ellos o nosotros”.

Durante el juicio, curiosamente, no fue citado como testigo un almacenero que vio todo y reclamó que dejaran de pegarle y que, según testigos durante el juicio, casi terminó linchado. Tampoco fueron citados tres peritos médicos que determinaron los resultados de la autopsia. Durante el juicio, la familia de Navarro estuvo representada por Alejandro Bois, de la Apdh-La Matanza, y contó con el acompañamiento de la Comisión Provincial por la Memoria, como veedora del juicio. Los jueces reescribieron la Fuenteovejuna de Lope de Vega. Dividieron lo ocurrido en dos partes. La primera, cuando los cuatro familiares pelearon y detuvieron a Lucas, versión en la que todos reconocieron a todos, y la segunda, en la que los acusados sujetaban e intentaban defender al chico de una nube de vándalos airados e irreconocibles. La primera fue una pelea y la segunda, nada.

La familia de Lucas, como particular damnificado, pidió condena de 15 años por homicidio simple, con el argumento de que el arma era de plástico, estaba sujeto, indefenso y atacado por un número desproporcionado de agresores, con lo que no se podía considerar una riña. La otra parte de la acusación, la que lleva el timón de la querella, en este caso la fiscal Claudia Aiello no estuvo presente el día de lectura de la sentencia. No fue la única diferencia manifiesta con la familia de la víctima: Aiello pidió 5 años porque consideró que se trataba de un “homicidio en agresión”, es decir, durante una pelea.

El viernes pasado, con el voto del juez Matías Deane, seguido por Javier González y Gabriela Rizzuto, el TOC Nº 5 de La Matanza decidió absolver a los cuatro imputados del delito de homicidio en agresión por falta de pruebas en su contra. Sin embargo, dos meses antes, el mismo tribunal aceptó la condena de tres años por juicio abreviado a Dillman, para lo cual debió entonces reconocer que ocurrió lo que ahora señaló como ímprobo.

La CPM consideró que la sentencia es un “precedente que legitima la resolución de conflictos mediante el ejercicio de la ‘justicia por mano propia’ por parte de los ciudadanos”. Bois sostuvo que “nos parece que se tiende a no querer sancionar esta conducta o hacerlo como si fuera un homicidio ‘chiquito’. Un fallo que tiene que ver con la impunidad en esto es un precedente muy peligroso”.

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