Esta noche, los padres de cuatro adolescentes denunciaron que sus hijos fueron metidos por la fuerza dentro un móvil policial, que había atendido a una denuncia telefónica en la Sexta Sección de Capital. La madre de uno de ellos, narró a MDZ que su hijo fue sacado literalmente «de los pelos» desde su casa, a la que habían ingresado rompiendo la puerta delantera, después de haberlo perseguido «a los tiros» por el pasillo de acceso a la vivienda. Los cuatro chicos fueron trasladados hasta la Comisaría Sexta donde dos de ellos permanecieron hasta las 23 de anoche.

Gabriela Lucero y Alejandro Quevedo, padres de un adolescente de quince años que vive en la Sexta Sección de Capital, contaron a MDZ cómo este chico fue detenido en horas de la tarde mientras caminaba por Moyano y Aguado, después de ser violentamente detenido por dos efectivos de la Policía de Mendoza.

De acuerdo a la versión que escuchó Quevedo en la comisaría de parte de los efectivos, alrededor de las 16.45, una pareja de policías detuvo a su hijo  junto con otros tres adolescentes de entre 14 y 17 años, después que llegaran a esa zona atendiendo a una denuncia hecha al 911, en la que se daba cuenta de que habían personas corriendo por los techos del de las casas del barrio. Así fue, que según estos policías, aprehendieron a los chicos, después de comprobar que al menos dos de ellos se encontraban por encima de las casas de la zona.

Siguiendo el mismo relato, la pareja de uniformados que llegaron en el móvil 2314, «capturaron» al hijo de Quevedo, después que éste «intentara» escaparse y refugiarse en una vivienda de la calle Moyano al 2673 (su propia casa).

Sin embargo, lo que no contaron los efectivos en la declaración, fue cómo lograron “capturar al chico.

En palabras de Gabriela Lucero, madre del chico de 15 años, «uno de los policías llegó hasta la casa persiguiéndolo, pero además, disparando al menos dos veces en el pasillo de entrada al domicilio. Allí, tras chocarse con la puerta, la derribó a patadas, mientras se encontraban el adolescente y Lucía Quevedo (22) –su hermana-, y tomaron al chico del cabello y lo arrastraron por el pasillo hasta el patrullero».

Ya más calmada después de lo sucedido, Lucía relató como corrió tras los efectivos para saber a dónde iban a llevar a su hermano, pero éstos le negaron cualquier información.

Además, Lucia también testigo de cómo, antes de que partieran definitivamente hacia la comisaría, el compañero del efectivo que irrumpió en su casa, recogió las vainas de las balas percutadas, que habían quedado tiradas dentro del pasillo de acceso a la vivienda.

El otro infierno

Una vez dentro del móvil, el muchacho fue depositado en la parte de atrás del vehículo junto a otros tres adolescentes de 14, 16 y 17 años, que habían sido detenidos por la misma razón que él. Sin embargo, según su propio relato, no alcanzó a salir del espanto de la situación, cuando sintió otro disparo, esta vez emitido desde el interior del coche.

Aquí, otra vez los nervios le jugaron una mala pasada al efectivo, que según lo que contaron los chicos a sus padres, se veía bastante alterado.

Más allá del susto, la bala que se escapó del nervioso policía, salió en dirección al parabrisa delantero, causándole un daño evidente.

Ocultando las pruebas

Del mismo modo en el que Lucía Quevedo pudo ver cómo recogían las vainas de las detonaciones, Ricardo Flores, padre de los chicos de 14 y 17 años, y a su vez tío del de 16, contó como los chicos vieron al acompañante del efectivo alterado, «golpear el parabrisas con una piedra grande, para que de esta manera el hoyo de la bala se pareciera más a una agresión externa hacia la propiedad policial».

Flores, que vive en el barrio Las Rosas, también de Capital, comentó que al mayor de sus hijos «lo patearon en el tobillo», razón por la que estuvo esperando hasta las 23 para que se lo entregaran, para poder llevarlo a un hospital.

Dijo también, que de acuerdo a lo que le contó su sobrino de 16, estos tres chicos fueron detenidos mientras caminaban en la misma cuadra de Moyano y Aguado, en el mismo momento en el que lo persiguió al chico de 15.

Como aditamento de un caso, que no deja de sorprender e indignar a los mismos policías, Alejandro Quevedo, relató que cuando llegó a la puerta de la comisaría ubicada en el corazón del barrio Cano, fue testigo de cómo «un policía de alto rango le decía a otro que no se preocupara, y que dijera lo que le había encomendado, que del resto se iba a ocupar él».

Este último incidente se desarrolló en horas de la tarde, mientras personal de Criminalística revisaba el móvil «dañado».

Mientras los padres de los adolescentes detenidos relataron lo sucedido, MDZ también buscó la contraparte de la policía, pero ningún uniformado de la seccional quiso hablar. «Nadie (de la comisaría) va a hablar con vos. Ahí están los padres», dijo un policía como respuesta al periodista de este diario digital.

Fuente: http://www.mdzol.com/mdz/nota/371182-el-otro-extremo-policias-cebados-disparan-mientras-persiguen-a-adolescentes/