“El 3 y 4 de diciembre fueron una alerta”

Para Carlos Lista, espe­cialista en sociología jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), los linchamientos son hechos injustificables que tienen un antecedente inmediato: las autodefensas de los días 3 y 4 de diciembre pasados, durante la huelga policial en la Capital.

–¿Por qué se llega a esta situación?

–No puedo dejar de volver al 3 y 4 de diciembre en Córdoba. Tenemos memoria frágil, parece 
que lo que sucedió esos días fue un hecho más, pero en realidad fue una situación nueva. Algo que tendría que haber sido tomado como una advertencia severa por todos nosotros, y sobre todo por los gobiernos, fue cuando aparecieron, entre todas las manifestaciones, los actos de autodefensa.

–¿Qué implican las autodefensas?

–En ese momento eran un acto legitimado por la ausencia del Estado de derecho. Pero ahí entramos en un terreno nuevo y peligroso. Tenemos que mirar en los lugares donde ya ha ­ocurrido: México, Colombia, Brasil, donde hay paramilitares y parapolicías. Esto es una advertencia. Porque primero aparece la autodefensa, pero pregunto: ¿Cuál es el siguiente paso? Es una situación ideal para el mercado de las organizaciones que venden seguridad por la vía legal o ilegal.

–¿Cómo se aborda este problema?

–Lo que abunda es la actitud simplista que siempre tenemos. Se habla de buenos y malos, o se hacen encuestas sobre si el linchamiento está bien o está mal. No. No puede ser. Hay que partir de una base: el linchamiento es absolutamente retrógrado, 
es volver a una situación muy primitiva previa al Estado de derecho. No se puede justificar la muerte por la situación que le dio origen porque eso nos puede llevar a justificar la pena de muerte.

–¿Cómo deberían interpretarse los linchamientos?

–En estos casos, todos son víctimas: la señora a la que le robaron la cartera, el chico de la moto que la asaltó y el que hace el linchamiento. No estoy diciendo que el que roba o lincha no tiene responsabilidad. Todo lo contrario. Pero esto tiene una raíz común a donde hay que apuntar.

–¿Cuál es esa raíz?

–La fragmentación social, la ruptura de lazos. Las ciudades están fragmentadas desde la villa miseria al barrio privado. Hay ruptura de vínculos: no se puede entrar a un barrio privado pero tampoco cualquiera puede entrar a una villa. Hay ruptura de los códigos comunes, un mínimo de valores compartidos para hacer posible la convivencia. Y cuando se retira la Policía, la sociedad muestra lo peor de sí misma, lo que somos. Además hay un elemento nuevo: el narcotráfico, que es el delito altamente organizado y con posibles vínculos con empresas y con el Estado. Y obviamente la corrupción, que tiene muchísimos efectos secundarios y uno es la ruptura de códigos. En la Argentina la corrupción se ha democra­tizado, cualquiera es un corrupto, somos corruptos en pequeñas cosas.

–¿Cómo se revierte este estado?

–Con mayor justicia social y distribución real, no paliativos. En el ámbito político se tienen que dejar de fogonear enfrentamientos y empezar a generar políticas de convergencia. Los medios de comunicación tienen que ofrecer una mirada reflexiva en lugar de estar montados en lo que vende. Y restaurar la confianza en el otro. Estas son sólo algunas de las posibles soluciones, que no son a corto plazo ni superficiales, pero hay que empezar a actuar ya.

“Es una situación inducida en una sociedad violenta”

“Me han llamado de México, de Colombia, ha sido terrible esto”, comenta Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz y Presidente del Serpaj, al recibir a este diario en el primer piso de la casona que el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), que él preside, tiene en el barrio porteño de San Telmo.

–¿Qué gravedad le asigna a estos episodios de “justicia por mano propia”?

–Creo que es un problema gravísimo. Que grupos sociales se transformen en asesinos en un linchamiento tomando por su cuenta lo que llaman “la justicia propia”, es de por sí violatorio de la ley. Dos cosas digo: Una, esto es una situación inducida por los medios de comunicación. Una cosa es la información y otra es el morbo periodístico. No se puede estar repitiendo todo el día y a cada hora las mismas imágenes de cómo patean y matan a una persona en la calle. Se deja de lado la ética periodística para llegar a esta degradación informativa. Y también digo que estamos viviendo en sociedades conflictivas y violentas, que llevan a lo que llamo “la suspensión de la conciencia”.

–¿Podría explicarlo?

–Hablo sobre comportamientos colectivos. “Si todos participamos de esto, la cul­pabilidad se diluye en lo colectivo”, es la idea. Nadie es responsable. Se abandona toda la ética, los valores, las convicciones, y se provoca esta situación inducida que justifica lo injustificable. La conciencia individual queda neutralizada por esa acción colectiva. A eso le llamo ‘la suspensión de la conciencia’. A la violencia inducida de decir “como el Estado está ausente nosotros actuamos por cuenta propia”.

–¿Los linchamientos expresan un fenómeno nuevo de violencia?

–No, los linchamientos no son un fenómeno nuevo en el país. Lo que pasa es que ahora están incentivados por los medios de comunicación.

–¿Qué le parecieron las respuestas que hubo desde la política?

–Leí lo que dice (Mauricio) Macri, del PRO. Es realmente aberrante, no quiere condenar los linchamientos. Macri dice ‘hay ausencia del Estado’. ¡Pero si Macri tiene la Policía metropolitana, él es el Estado también! No, no hay ausencia del Estado. Puede haber deficiencias en el Estado, pero no hablemos de ‘ausencia’.

–¿Cuándo hablaría usted de “ausencia del Estado”?

–Con la reciente huelga de las policías hubo un momento en que el Estado estuvo ausente. Vi las escenas de horror

que se vivieron en Córdoba. Pero ahí también hubo violencia inducida. La reiteración de la transmisión de saqueos inducen a comportamientos similares.

–¿En qué falla el Estado?

–Tal vez faltan políticas para poder regular mejor la seguridad, plantearse cosas como reformar lo que son las fuerzas de seguridad. Cuando se funda la policía, su función era maravillosa: ser una fuerza preventiva y de seguridad social. Pero la transformaron en una fuerza de represión.

“Tenemos que reconstruir la malla de solidaridad”

Con urgencia, el lunes pasado, la Asociación de Pensamiento Penal (APP) que agrupa a magistrados, abogados y estudiantes de todo el país, lanzó una campaña de firmas para repudiar los linchamientos y defender la convivencia democrática dentro del Estado de derecho. “No cuenten conmigo”, es el lema, que el jueves último ya habían logrado más de 10 mil adhesiones. Mañana darán a conocer el resultado final. Mario Juliano, juez penal de Necochea y director Ejecutivo de la asociación, dialogó con La Voz del Interior.

–¿Por qué lanzaron la campaña?

–El linchamiento y la muerte de David Moreira, en Rosario, nos llevó a hacer un alerta y un llamado para que no cuenten con nosotros para esta manera de resolver los conflictos. Reafirmamos la conveniencia de vivir en un Estado de derecho, de convivencia pacífica en una sociedad democrática.

–¿Qué es lo principal que hay que tener en cuenta en esta situación?

–La primera reflexión es que los linchamientos son delitos. Es responder a un supuesto delito con un delito de mayor gravedad. La segunda reflexión es que la ciudadanía debe comprender que hay resolver los conflictos de forma democrática. Tenemos dificultades, hay situaciones de inseguridad. Pero tenemos que pensar en soluciones integrales, no seguir con las fórmulas que venimos aplicando, que se ha demostrado que fracasaron. Se reacciona frente a determinado tipo de delitos y determinado tipo de delincuentes, lo cual es una forma muy selectiva de reaccionar frente a los conflictos.

–¿A qué se refiere?

–Estos episodios (de linchamiento) están claramente orientados a determinado tipo de “delincuentes”, que responden al estereotipo del joven, pobre, excluido, marginal; contra el mismo que reacciona también la Policía. Y no se advierte una reacción similar frente a otro tipo de delincuentes; no se ve a los vecinos preocupados o indignados por la corrupción, la violencia policial, el vaciamiento de empresas. Los genocidas caminaron entre nosotros hasta no hace mucho tiempo.

–Hay quienes sostienen que esto ocurre porque el Estado está ausente

–Los linchamientos son injustificables. Y hay que ver qué presencia del Estado estamos reclamando. Se necesita una solución integral porque el problema es multicausal. Hay distintos niveles de responsabilidad. Los poderes del Estado tenemos que hace una autocrítica y los ciudadanos tienen que hacer su aporte, hay que recrear la malla de solidaridad y ver de qué manera volvemos a integrarnos.

 

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