La primera audiencia del juicio a la militante trans Yhajaira Falcón, el viernes pasado, no tiene nombre. En fin, ni nombre, ni género, o los tuvo erróneos, porque los jueces del Tribunal Oral N° 9, el fiscal y la defensa la trataban por su nombre femenino, pero el expediente, los testigos y su registro la mencionan como “señor”, denominación que los jueces no ordenan modificar, lo que, de alguna manera, da la pauta de que hay posición tomada, en cuyo caso el nombre aplicable sería prejuicio. La causa se viene desarrollando con muchas más rarezas: la supuesta víctima, un taxista mencionado por los polis de la 18ª que detuvieron a Yhajaira, por ahora sólo aparece en el relato policial; el arma, una tijera con la que según los polis se realizó el robo de 150 pesos, nunca apareció; en su reemplazo aportaron una monona cajita de cartón en la que había fragmentos de vidrios supuestamente rotos por el “señor” Falcón a baldosazos y la correspondiente baldosa. Yhajaira sostiene que no existió tal robo, que la apedreada fue ella, y que todo lo inventaron en la 18ª porque la quieren expulsar de la zona. Los jueces, impuestos en la tarea de hacer justicia en un caso sin víctima, decidieron citar por la fuerza pública a la supuesta víctima, para encontrar al culpable, calmar la ansiedad pública por la suerte del cuantioso botín y, de paso, sostener de hecho la versión policial. A todo esto, Yhajaira permanece castigada en la U 20, la unidad psiquiátrica del SPF, en Ezeiza, encerrada 23 de las 24 horas del día.

La audiencia se realizó el viernes en el 6º piso del edificio de Tribunales, en una salita diminuta, ante los jueces del Tribunal Oral N° 9, Luis García, Fernando Ramírez y la subrogante Ana Dieta. El público estaba constituido mayormente por amigos y militantes de Las Paquitos, Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, Putos Peronistas y el Copadi. Fueron inexistentes del lado de la víctima inexistente.

El expediente acusatorio admitido por los fiscales durante la instrucción es una pieza de ingenio acusatorio, ya que intenta lograr condena de un hecho, dándolo por consumado, cuando las pruebas relatadas (no aportadas) corresponderían a una tentativa: de acuerdo con la versión policial/fiscalía, el 17 de abril pasado, Yhajaira detuvo un taxi a la medianoche en la zona de Constitución, se sentó en el primer asiento sin que el taxista se sorprendiera y pidió ser llevada hasta Humberto I al 2000, donde con una tijera amenazó al conductor para robarle 150 pesos (la primera versión policial mencionaba un celular, pero no la creyeron ni ellos). Un grupo de taxistas compañeros de la víctima salió de la nada para defender a su colega, mientras Yhajaira supuestamente se defendía a baldosazos, rompiendo los vidrios de un garage ubicado junto a un hotel.

La investigación policial encabezada por la fiscalía no logró aportar a la víctima, pero aportó tres testigos, entre ellos el encargado del hotel y su esposa. Ninguno de los testigos presenció el robo ni al taxista, y sólo testimoniaron de su existencia porque “lo dice la policía”, y en todo momento se referían a Yhajaira con el género masculino.

No aportaron tampoco la tijera, ya que nunca apareció y que, como el taxista, sólo está en el relato policial. Para que la causa no se reduzca a un continuo del absurdo, los uniformados aportaron a la fiscalía y ésta al juicio oral y público una caja con restos de vidrios que supuestamente pertenecen a la puerta de un garage ubicado junto al hotel donde fue detenida Yhajaira.

Otra curiosidad del caso es que el Tribunal Oral incorporó al expediente el fallo del juez federal de Lomas de Zamora Carlos Ferreiro Pella, quien había aceptado un hábeas corpus presentado por Luciana Sánchez, abogada defensora de la militante trans, para que en el penal de Ezeiza se la tratara como Yhajaira Falcón, es decir, reconociendo su identidad, aunque en el DNI no figure de ese modo, tal como señala la Ley de Identidad de Género. Lo curioso es que, pese al fallo incorporado, en el expediente siguen tratándola como varón, los testigos la mencionan como “señor” y los jueces del tribunal no los corrigieron. Para cumplir con las formas los del Tribunal la nombran como “Shakira” o “Shajira”. Procurando llegar hasta las últimas consecuencias en el camino por la verdad de los 150 pesos, los jueces decidieron citar por la fuerza pública al taxista. La tarea recae en los uniformados de la 18ª, que ya lo habían traído en su relato.

La declaración de Yhajaira no coincidió con nada de la historia oficial. Un patrullero de la 18ª la detuvo fuera de su jurisdicción, la paseó durante una hora y la dejaron en la esquina de Humberto I, donde un grupo de taxistas la apedreó con la anuencia policial. Después, la detuvieron, la obligaron a desnudarse, humillándola, para buscar una tijera inexistente.

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